Katia Olalde Rico
Una memoria absolutamente privada perece cuando aquél que la detenta muere u olvida. Sólo los recuerdos que se comparten tienen la capacidad de vincularnos con aquellos que estuvieron aquí antes de nosotros y con los que vendrán después. De ahí que toda memora capaz de sobrevivir el paso de una generación a otra, sea necesariamente una memoria compartida, una «memoria pública».
Recordar implica dar forma, estructurar, editar, pero también materializar en la medida que todo recuerdo necesita de un soporte para ser comunicado y percibido. «Materializar» en este sentido no se reduce a objetos e imágenes (vestigios o huellas) sino que incluye también nombres, conceptos, narraciones y experiencias sensibles (sensaciones táctiles, olfativas, visuales, sentimientos o estados de ánimo).
En esta ponencia analizaré, la manera en que ciertas prácticas artísticas (Lo que viene, Teatro Ojo, 2012; De qué otra cosa podemos hablar y La promesa, Teresa Margolles, 2009 y 2012) y ciertas prácticas de acción social (Bordados por la paz, en curso desde 2011 por parte de varios colectivos; Bloody Money y #NOMOREGUNS, Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Agosto/Septiembre de 2012) «dan forma» a memorias (a través de objetos, imágenes, experiencias sensibles, narraciones, acciones, diálogos y controversias) propiciando su «aparición pública». En el desarrollo de mi análisis comparativo de los casos seleccionados, articularé las «intervenciones agonistas» que plantea Chantal Mouffe con la «redistribución [emancipadora] de lo sensible» propuesta por Jacques Rancière para explorar en qué sentido estas prácticas son políticas y también, en qué medida consiguen sacar a luz y someter a discusión asuntos que el consenso dominante tiende a pasar desapercibidos. Finalmente re-elaboraré las nociones de «mundo común» y de «espacio de aparición» de Hannah Arendt para, articular la operatividad y efectos de estas prácticas con las formas de materialidad de la memoria, pero también para profundizar en el significado de «lo público» y cuestionar la idea de «consenso no coercitivo».
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