Alejandrina Escudero
La dotación de servicios es una necesidad que el
Departamento del Distrito Federal (DDF) ha estado
obligado a satisfacer. Durante la primera mitad del siglo XX, frente el incesante crecimiento
poblacional y territorial las problemáticas ancestrales de la ciudad de México aumentaron y se
diversificaron para cubrir las exigencias de una urbe moderna. La dotación de
una infraestructura básica no era suficiente, ya que urbanistas y gobernantes
pretendían el mejoramiento de la vida de sus habitantes, en ambas facetas, la física
y la espiritual.
Si la infraestructura básica era vital para el
funcionamiento de la ciudad y para el bienestar del ciudadano, la relativa al
“mejoramiento espiritual” cubría otro tipo de necesidades, que además de
brindarle solaz y disfrute permitía la superación personal. Para ello se
promovieron y construyeron espacios para la recreación pública -concepto
derivado del urbanismo moderno-, dirigida al “cultivo y el
desarrollo organizado de los medios de expresión y de expansión del cuerpo y
del espíritu…” El tipo de recreación ofrecida cambiaba de acuerdo con la visión de los urbanistas o de los compromisos
políticos del gobernante en turno, quien otorgará mayor atención y presupuesto
a uno u otro rubro; entonces, los espacios públicos realizados o planteados para
ese fin reflejaron la visión de actores concretos.
Mi interés en esta reflexión se centra en los
espacios públicos para la “recreación” de la población de la ciudad de México
en dos momentos y en dos tipos de discursos, los del urbanista Carlos Contreras,
planteados entre 1927 y 1938, y los del periodo presidencial de Manuel Ávila
Camacho, correspondientes al sexenio 1940-1946 y publicados en las memorias del
DDF.
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