lunes, 18 de febrero de 2013

Espacios públicos en la ciudad de México: Dos perspectivas


Alejandrina Escudero

La dotación de servicios es una necesidad que el Departamento del Distrito Federal (DDF) ha estado obligado a satisfacer. Durante la primera mitad del siglo XX, frente el incesante crecimiento poblacional y territorial las problemáticas ancestrales de la ciudad de México aumentaron y se diversificaron para cubrir las exigencias de una urbe moderna. La dotación de una infraestructura básica no era suficiente, ya que urbanistas y gobernantes pretendían el mejoramiento de la vida de sus habitantes, en ambas facetas, la física y la espiritual.
Si la infraestructura básica era vital para el funcionamiento de la ciudad y para el bienestar del ciudadano, la relativa al “mejoramiento espiritual” cubría otro tipo de necesidades, que además de brindarle solaz y disfrute permitía la superación personal. Para ello se promovieron y construyeron espacios para la recreación pública -concepto derivado del urbanismo moderno-, dirigida al “cultivo y el desarrollo organizado de los medios de expresión y de expansión del cuerpo y del espíritu…” El tipo de recreación ofrecida cambiaba de acuerdo con la visión de los urbanistas o de los compromisos políticos del gobernante en turno, quien otorgará mayor atención y presupuesto a uno u otro rubro; entonces, los espacios públicos realizados o planteados para ese fin reflejaron la visión de actores concretos.
Mi interés en esta reflexión se centra en los espacios públicos para la “recreación” de la población de la ciudad de México en dos momentos y en dos tipos de discursos, los del urbanista Carlos Contreras, planteados entre 1927 y 1938, y los del periodo presidencial de Manuel Ávila Camacho, correspondientes al sexenio 1940-1946 y publicados en las memorias del DDF.

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